Dónde se han rodado los anuncios

Una cosa que me hace ilusión, no sé por qué muy bien, es reconocer lugares que conozco en anuncios, series y películas. Por ejemplo, el último anuncio del Polo, que se ha rodado en la calle Cedaceros de Madrid:

Es curioso cómo la postproducción borra cualquier logo de otra empresa para que no nos distraigamos de lo que nos quieren contar ;-)

Así se cobraba con tarjeta de crédito en los 80

¿Alguna vez te has preguntado por qué las tarjetas de crédito llevan el número y el nombre del titular en relieve? Es cierto que ya hay muchas que no, pero en su día era un requisito indispensable. Y es que aunque los nacidos a fines de los 80 no lo hemos llegado a conocer, hubo una época en la que cobrar con tarjeta no se parecía en nada a lo que se hace hoy.

Mis padres están cerrando una tienda de electrodomésticos que abrieron en los 80, y allí he encontrado esta reliquia que os enseño hoy: la bacaladera.

Cuando en los 80 alguien quería pagar con tarjeta de crédito, el proceso era el siguiente. En primer lugar, se le pedía la tarjeta y se comprobaba que no fuese robada. ¿Cómo? Con el Boletín de Tarjetas Anuladas, una publicación en la que se recogían todos los números de serie de tarjetas dadas de baja, extraviadas y robadas. Si la tarjeta aparecía en el boletín, el comerciante debía quedársela y avisar de ello al Centro de Autorizaciones, que le recompensaría con 10.000 pesetas.

También era necesario llamar a este Centro si el cliente quería hacer una compra superior a 10.000 pesetas (el “límite de consulta”), o si -tal y como recomienda el propio boletín- el cliente no tenía identificación, era demasiado joven como para hacer un gasto muy grande o su comportamiento era sospechoso.

Si todo estaba en orden, la tarjeta se colocaba en el lugar indicado de la máquina (para la foto yo he colocado una mía, la única que tengo con números en relieve). Encima se ponía un formulario donde se apuntaba todo lo que el cliente había comprado y el importe total.

Y con todo ello ajustado, se movía el rodillo (la pieza azul) de izquierda a derecha, haciendo que el número de tarjeta y los datos del titular y del comercio quedasen grabados gracias a la magia del papel carbón en las tres copias del recibo: una para el cliente, otra para el banco y otra para el establecimiento.

Obviamente, en esa época de comunicaciones prehistóricas, el cargo no constaba al banco hasta el día siguiente, cuando el honrado comerciante se acercaba a su sucursal a llevar todos los recibos del día anterior.

Por lo tanto, cuando hoy en día nos parezca lento el proceso de pagar con tarjeta (introducirla en el terminal, esperar el OK del banco y en ocasiones introducir el PIN) podemos consolarnos pensando que hace 30 años era mucho más pesado para vendedor y cliente.

Los subnormales

Hubo una época en la que las personas con discapacidad o enfermedades metales recibían el nombre de subnormales. No era un insulto, era como se les llamaba en la calle, en las leyes, en las propias asociaciones de familiares y en los medios. Pero no deja de sorprendernos hoy en día.

Estos son recortes de una revista madrileña, Cisneros, de principios de los años 80, en un reportaje sobre “Subnormalidad en la provincia” (sic). Las fotografías (que he editado) mostraban a los niños completamente desnudos. Como animales.

Sin embargo, el reportaje es un valiosísimo documento para saber con qué recursos se contaba entonces y qué se sabía de estos temas. Haciendo clic en las imágenes podrás leer mejor los textos:

Hoy 21 de marzo es el día mundial del Síndrome de Down.

Veinticinco cosas que he hecho en mis veinticinco primeros años

- He escrito sobre telefonía móvil en cinco blogs diferentes.
- He sido víctima de una broma de cámara oculta.
- He preguntado a un exministro del PP cara a cara sobre el matrimonio igualitario.
- He estado en el Diario de Patricia.
- He aparecido disfrazado de momia y superhéroe en televisión.
- He montado un mueble de Ikea sin mirar las instrucciones.
- He discutido a voz en grito sobre religión y homosexualidad en la Puerta del Sol con una integrista.
- He repartido planos de metro en la puerta de un intercambiador.
- He formado parte de un partido político.
- He diseñado un logo para una candidata política.
- He trabajado en un operador de telefonía móvil.
- He recogido un premio de un concejal del Ayuntamiento de Madrid.
- He escrito un libro de decoración.
- He participado en el corte de una calle como protesta… en el momento en que pasaba un coche de la policía.
- He estado en la redacción de un diario desaparecido.
- He presentado mi dimisión a un jefe delante de todos mis compañeros al enterarme de que me había insultado.
- He caminado tranquilamente cruzando por la calzada de la A-3.
- He posado en la foto de boda de dos desconocidos.
- He participado en un debate televisivo.
- He recitado un monólogo cómico ante Javier Veiga y un grupo de gente.
- He presenciado el rodaje de un anuncio de televisión.
- He trabajado en tres cadenas de hipermercados distintas haciendo la misma función.
- He presenciado cómo el director de ventas de mi empresa daba un tartazo al CEO.
- He visto un episodio de “Padre de Familia” en clase.
- He organizado catas de leche en un centro comercial.

La nueva y la antigua web de El País: comparación

(Después del salto, para no saturar)

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Mi idea para Twitter: poder etiquetar tuits

Ayer leía un artículo en Top-Rankin sobre Pinterest, diciendo que podría ser la solución al problema del data collection, es decir, a guardar la información valiosa que pasa por nuestras manos entre tanto barullo de la red social. Aunque me ha gustado mucho su enfoque, creo que el problema de Pinterest es que se centra demasiado en compartir fotos, y mucha de la información que me gustaría guardar son enlaces, especialmente tuits, ya que Twitter es la red social donde más fácil resulta perder algo.

Twitter es una red social fugaz. En ella se comparten montones de información interesante, pero como viene se va, perdida en un tsunami de mensajes de todo tipo.

Hace tiempo, Twitter intentó reducir el ruido con las listas, grupos de gente a las que puedes seguir en un timeline aparte. Pero no tuvieron mucho éxito, y creo que el problema es que no te interesa el 100% de lo que escriba nadie, pero sí quieres conservar determinados tuits de algunas personas.

 Para guardar algún tuit que nos parece valioso, existe la herramienta de marcar como favorito (la estrella), pero es muy limitada. Para empezar, porque al ser la única manera de destacar un tuit sobre los demás, tiene muchos usos diferentes: para decir que nos ha gustado, para agradecer una mención o halago, para guardar un enlace que parece interesante y leerlo más tarde… consiguiendo que nuestro espacio de tuits favoritos acabe siendo un cajón desastre en el que es imposible encontrar nada.

Por eso mi idea es que Twitter crease algo así como carpetas o etiquetas (al estilo Gmail), para que pudiésemos conservar determinados tuits ordenados por temas. Yo podría tener una etiqueta con la que marcar todas las frases que me parecen divertidas, otra para las recomendaciones de libros, otra con los enlaces que parecen interesantes y quiero leer más a fondo… una evolución de la estrella, pero permitiendo algo más ordenado.

Podríamos elegir si nuestras etiquetas son públicas o privadas, y así nuestra cuenta de Twitter tendría mucho más valor porque al entrar en ella la gente podría ver que ofrecemos un valor adicional: una selección de contenido interesante en Twitter. La cuenta de una web de lectores podría agrupar todas las recomendaciones de lectura. Una web de comercio online podría tener una carpeta con testimonios de sus clientes… y nosotros recibiríamos emails si así lo quisiéramos y la etiqueta fuese pública: “Fulanito ha añadido tu tuit a su carpeta ‘Reflexiones políticas”.

Aunque sé que Twitter se preocupa mucho por mantener su servicio muy simple, creo que con un esfuerzo en usabilidad e integrándolo bien podría ser posible y aportar mucho valor a la experiencia de uso.

La nueva web de El País

Sección de Tecnología, antes y después del rediseño

El País está cambiando desde hace meses su web poco a poco. Un nuevo diseño mucho más claro que es la expresión de una nueva forma de trabajar para sus periodistas. A mí me encanta, y me entra mucho por los ojos que cada sección tenga su propio color asignado (fíjate en el detalle de que la tilde del logo también cambia de color).

Este fin de semana abrieron un blog para explicar todo el proceso de cambio. Tiene buena pinta.

Disfruten la oposición

Esta legislatura va a ser dura. Un PP con mayoría absoluta que seguramente confundirá con un cheque en blanco para deshacer los avances sociales de los últimos años y, si les queda tiempo, hacer ver que tienen alguna idea para una crisis económica que supieron ver venir tan poco como el PSOE (¿alguien recuerda que Mariano Rajoy también prometió pleno empleo en su programa de 2008?).

Por el otro lado tenemos a un PSOE hundido y que no tiene visos de recuperar su fuerza en los próximos tiempos. El mayor problema de este PSOE es que ha conseguido los peores resultados de la historia de la democracia, que apenas tiene poder (en unos meses, su mayor bastión será un ayuntamiento, y ni siquiera una gran capital: ni Madrid, ni Barcelona, ni Valencia, ni Sevilla ni Bilbao).

Lo que no ha perdido el PSOE es esa soberbia, ese comportamiento chulesco que tanto critican al PP y que ahora se materializa en la amarga frase “disfruten lo votado”. El PSOE no está haciendo oposición al gobierno conservador, el PSOE está haciendo oposición a sus propios votantes, como un exnovio enfadado y amargado que se dedica a complicarte la vida cuando le dejas.

Me hierve la sangre cuando leo en blogs o en Twitter a militantes con la frasecita de marras. Para empezar, porque el PP apenas ganó votos entre 2008 y 2011: la mayoría absoluta que consiguieron no fue por un crecimiento en apoyos (apenas 500.000), sino por el descalabro del PSOE que perdió los apoyos de la mayoría de la sociedad. Para continuar, porque el PSOE no es un ejemplo tampoco de cómo hacer las cosas: la mayoría de las cosas que critican ahora las hicieron ellos mismos en cierta manera: gobernar por decreto, abaratar el despido, privatizar empresas, subir los impuestos, olvidarse del programa electoral…

Se quejan algunos de que con las medidas que se están llevando a cabo hay protestas, sí, pero que contra el PSOE habrían sido mucho mayores. Y aquí no veo nada de lo que quejarse, más bien algo de lo que dar gracias. Deberían dar gracias por que tras años y años la gente siga esperando más de un partido que se dice Socialista y Obrero, y consiguientemente se decepcione más cuando les falla.

El PSOE tiene un largo camino por delante. Estar en la oposición no es solo quejarse amargamente (“a nosotros nos montábais más huelgas”) o simplificar las cosas hasta el absurdo (no todas las críticas al PSOE buscan beneficiar al PP: tienen que hacerse a la idea de que detrás del 15M no estaba el PP). Estar en la oposición, especialmente cuando ha sido por bajada de votos propia y no ganancia del contrario, debería llevar a una reflexión sobre qué le ha pasado a la gente con ellos, por qué se han sentido decepcionados, qué se ha hecho mal y qué debería haberse hecho en su lugar y especialmente, cómo van a tratar de recuperar su confianza, por qué deberíamos creerles ahora después de años de promesas incumplidas. Menos discursos vacíos, menos hacer promesas de cara al futuro que no estás autorizado a hacer por tu pasado, menos márketing y debates estériles sobre cuotas de poder.

¿Disfruten lo votado? Tratando de forma tan prepotente y chulesca a los votantes, a esas personas con las que pretendes reconciliarte algún día, no llegas a nada. Les queda mucho por aprender, muchos humos que bajarse: pero tranquilos, que tienen cuatro años. Como mínimo.

Los píxeles deben ser carísimos: cuando el digital es más caro que el soporte físico

La industria de la música no supo reaccionar a tiempo. Cuando surgió el MP3, un nuevo formato que hacía que las canciones ocupasen 10 veces menos y por lo tanto fuesen fáciles de transmitir por internet, lo ignoraron hasta que no se les ocurrió otra cosa que perseguir a los usuarios que intercambiaban música mientras mantenían sus abusivos precios, en vez de aprovecharse de una innovación tecnológica que les permitía bajar el coste de distribución.

A los editores les va a suceder lo mismo. Ha llegado un momento en el que la gente está harta de pagar más de 20 euros por un libro, pero tienen la excusa de los costes. Y llegó el libro electrónico. Y pretenden que compre un archivo electrónico por prácticamente el mismo precio. ¿Dónde está ahí el coste del papel, del transporte, de la materia prima? ¿no será que ha sido sustituido por unos márgenes escandalosos?


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Los canales temáticos que TVE no llegó a lanzar en los años 70

A principios de la década de los 70, la Compañía Telefónica y TVE comenzaron a desarrollar un sistema para transmitir TV por cable a determinados abonados de Madrid y Barcelona en una primera etapa. Este servicio, para el que se barajaban nombres como Cable-visión, Tele Cable o Cable TVE, permitiría a sus abonados recibir cuatro canales de televisión en casa: los dos existentes de TVE y dos nuevos que ya se estaban diseñando, en un principio en blanco y negro y más adelante en color.

Los que estaban destinados a ser el tercer y cuarto canal de TVE recibirían los nombres de Cadena Documento y Cadena Espectáculo, y estarían tematizados como puede verse por sus nombres. El primero sería un canal cultural, con cursos de idiomas, documentales, noticias y una franja matinal de dos horas con retransmisión de la Bolsa. Cadena Espectáculo por su parte ofrecería espectáculos musicales, cine y deportes. Los esquemas provisionales de programación en los que se trabajaba son los siguientes:
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