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¡Hola!
Cuánto tiempo sin pasarme por aquí. Bueno, vale, una semana no es mucho tiempo, pero en fin. Lo bueno de que tu universidad se adapte a los planes de Bolonia tan pronto es que te aplican su calendario aunque estés en una titulación antigua. ¿Y qué significa eso? Que estamos a 8 de junio y yo ya he terminado los exámenes: prácticamente estoy de vacaciones. O al menos en lo que a universidad se refiere.

Llevaba tiempo con un cambio en la cabeza referido al blog, y por fin lo he puesto en práctica: ¡nos mudamos! Me he decidido a dar el salto a WordPress. Además, estoy preparando un nuevo blog llamado gambutzi.es. Ahí se van a independizar algunos temas sobre los que me gusta escribir de vez en cuando: publicidad, diseño gráfico, televisión, ciudad, etcétera. Quiero que en gambutzi.es estén artículos escritos con tiempo, con información interesante, bien desarrollados… incluso la idea (a largo plazo) es que no sea el único que escriba allí. Para todo esto, por lo tanto, era necesario independizar estos contenidos del blog personal y separar ambas cosas. FBSS seguirá siendo un lugar donde escribiré libremente lo que se me pase por la cabeza, como hasta ahora, y los pequeños artículos sobre temas que considero interesantes irán allí.

Gambutzí es una palabra catalana para denominar a los gamusinos. Precisamente mi primera web se llamó gamusino, así que esta es una pespecie de reciclaje. También he querido reciclar el logo, con esas letras tan cuadradotas, y también reciclaré algunos artículos que he publicado aquí tras darles un lavado de cara. De momento, gambutzi.es está en pruebas, pero yo creo que está casi lista para lanzarse. Si os queréis pasar por allí para ver cómo va quedando, está completamente abierto.

Espero que os guste esta nueva andadura… aunque necesito un pequeño esfuerzo por vuestra parte. Si queréis seguir leyendo esto, tenéis que cambiar los feeds RSS en vuestro lector (Google Reader, Netvies…). Podéis agregar el nuevo: http://blog.fernandodecordoba.es/?feed=rss2

La pastilla


No voy a opinar sobre la pastilla del día después. No voy a decir si me parece bien o mal que se de a chicas de 16 años. En internet sobran páginas en las que os ayudarán a saber qué tenéis que pensar.

Lo mío es una idea que dejo aquí, a disposición de un farmacéutico bondadoso que me ceda el 60% de los derechos que genere. Vamos a ver, la cosa es así: si hemos podido desarrollar una pastilla que interrumpa algo tan grande como el embarazo, ¿por qué no se inventa algo parecido para el enamoramiento? Tú vas viviendo tu vida, con cuidadín, pero si un día ves que sin querer te has enamorado, pues nada, vas a una farmacia, compras una píldora y te la tomas. Y te desenamoras a las pocas horas.

Digo yo que parar un embarazo tiene que ser más difícil. Hay espermatozoides, hay óvulos y montones de cosas más, ahí dentro de la chica. El enamoramiento es sólo una cosa mental, como mucho, una sustancia que genera nuestro cuerpo. Eso se tiene que poder controlar. Aunque tenga efectos secundarios (como la pastilla del embarazo), como que te duela la cabeza tres días o pierdas temporalmente la memoria. Yo creo que valdría la pena.

El típico folleto que te amenaza

¿Quién me recomienda un hosting
bueno y barato que admita WordPress?

Quiero vivir en un anuncio

Ya he decidido dónde quiero vivir cuando sea mayor. Quiero vivir en un anuncio. Me refiero a un anuncio de la tele, no a uno por palabras de pisos totalmente exteriores o masajistas que dominan el francés.

Es que la publicidad es el mejor lugar para vivir. Allí todo es ideal. Son como películas, pero como son tan caros, tienen que hacerlos cortitos y ahorrarse toda la parte mala. En los anuncios la gente es muy feliz, las casas son enormes, las ciudades son limpias y no contaminadas…

Bueno, a veces sí hay problemas. Por ejemplo, si eres de los malos, es decir, de los que usan la marca de la competencia. Si lo haces te pasan cosas horribles. Había una mujer que no usaba la lejía correcta y llevaba la blusa amarillenta, y en plena reunión con unos clientes se le rajaba por una manga. Eso por no hablar del drama que sufría el payaso de Micolor, que dejaba la ropa hecha un asco, con todos los colores desteñidos. Que ya le vale, también: tío, si vas a hacer un anuncio de Micolor, no uses otra marca.

Uno que me llamaba mucho la atención era ese en el que había dos niñas a la salida del cole, y llegaba el padre de una de ellas a recogerla, y la otra decía: “Mira, ahí viene tu abuelo”. Porque el hombre tenía el pelo blanco. Que también piensas: joer, chica, te podías calar un rato. Son esas situaciones en las que metemos la pata y a las que algunos somos tan propensos.

Pero como decía, lo bueno de los anuncios es que se arregla todo enseguida. No hay tiempo para plantearte el drama. El hombre se echaba Just for Men y la chica se tenía que callar: “Ah, pues ahora tu padre está buenaco, tía, me voy a cambiar de bragas”. Bueno, eso no lo decía pero yo siempre lo sospeché.

Ahora ponen un anuncio en el que sucede todo muy rápido. Es de aspirinas o algo parecido. Van dos en un AVE (pintado con el color de la marca) y a la mujer le duele la cabeza. El otro le da una pastilla milagrosa y se le pasa, así que pueden seguir trabajando. Pero lo mejor de todo es el final: el chico se sienta junto a ella ¡y trata de meterle mano! Ella contesta “Oye, que vas demasiado deprisa”. Si el anuncio hubiese sido de hace 20 años, habrían añadido “Sí, como la pastilla, jeje”, pero ya somos muy maduros y no hace falta que nos expliquen estos paralelismos. Lo que más me fastidia es que en la versión corta del spot se cargan esta parte. Es decir, de las dos tramas que hay en la historia, se cargan de un plumazo toda la relación entre ambos. Es indignante. Y además, como es un anuncio, no sabremos cómo continúa. ¿Se habrían enrollado antes? ¿dónde iban de viaje de negocios? ¿cómo respondió el chico a la queja de la chica? Nunca lo sabremos. Sólo sabemos que a ella le duele la cabeza y que él siempre lleva una caja nueva de pastillas.

Otro anuncio milagroso es el de una lejía. Dos chicas llegan a un piso que acaban de alquilar y que está hecho un asco. Pero asco, asco, con una capa de porquería de dos dedos. Limpian un poco con la lejía en cuestión y el piso horrible se convierte en un super pisazo con unas vistas de toda la ciudad, a estrenar y reluciente. Eso es publicidad engañosa. Yo he echado esa lejía en mi casa (y sin diluir en agua, para que haga más efecto) y lo único que he conseguido ha sido marearme y empezar a oir voces detrás del perchero.

Y hablando de cosas de limpieza, no puedo evitar volver a insistir en el anuncio del Cillit Bang. Nos están tomando el pelo. Yo no me creo que la mujer que sale en el anuncio use Cillit Bang a diario: cuando aparece su cocina, está llena de churretones de grasa, el baño; repleto de moho y de quién sabe qué más. ¡Esa señora no ha usado un quitagrasas en su vida!

Sí, definitivamente me gustaría vivir en un anuncio. Pero en un anuncio normal, no es un “patrocina” de esos que te meten antes de los programas. Son la versión ultracorta del spot, no te cuentan nada. Y sale una voz de repente diciendo “Andamiajes Gorrochano patrocina Escenas de Matrimonio”. O peor aún, que el señor Gorrochano no tuviese claro qué programa iba a patrocinar y la voz diga “Andamiajes Gorrochano patrocina este programa”.

Tampoco me gustaría vivir en una telepromoción. En ellas, los personajes de las series se vuelven idiotas. De repente, no tienen problemas y comienzan a hablar entre ellos con un lenguaje extraño, contándose cosas que ya saben. “Qué bien hicimos en cambiarnos a Gas Natural, ahora nuestra factura ha bajadao un 20%, ¿verdad cariño?” “Sí, por supuesto. Y además, la instalación nos la han financiado a cinco años”. Esos diálogos no son naturales. Parece una terapia de rehabilitación de gente con amnesia: “Venga, cariño, repasemos… ¿con quién tenemos el gas?”.

Y lo peor es cuando, de repente, tienes a un personaje de la serie con otro que no has visto jamás. Es como si estás en casa y entra un tío desconocido que jamás había intervenido en tu vida y os ponéis a hablar de la nueva promoción de Nescafé. Por supuesto, diciendo el apartado de correos en voz alta y repitiendo mucho Nescafé. Si algún día empiezo a hablar así, que me encierren, por favor.

Ze demontre!

Mantxi, además de su blog personal, mantiene otro llamado Ze demontre!. Un día decidió que iría a todas partes con la cámara de fotos, para recopilar todas las meteduras de pata que se cometen al intentar escribir algo en euskera.

La manera de presentarlo también es muy original, en tres apartados. Comienza poniendo la traducción que él propondría a euskera, lo que significa literalmente la que aparece en la foto y si cree que es un caso grave o no (o dicho por él, si le ha hecho llorar):


En fin, que os recomiendo que le echéis un ojo, que además se trata de un chaval muy majo ;-)